Último trabajo de la Compañía Teatro de Patio:

"La orilla", indagaciones sobre la muerte

"La orilla", indagaciones sobre la muerte

"La orilla", último trabajo de la Compañía Teatro de Patio, es un montaje que reflexiona en torno a la memoria, el apego y el olvido de nuestros muertos. Inspirada en documentos y textos etnográficos sobre el espiritismo en el Chile del Centenario, esta obra presenta una reelaboración escénica de carácter experimental de aquellos documentos, recuperando de esa forma fragmentos  olvidados de nuestra memoria colectiva.

Dirigida por María José Contreras, actriz formada en el Teatro Ridotto de Bologna, Italia, y doctora en semiótica,  la Compañía Teatro de Patio se ha definido por realizar una búsqueda constante de un lenguaje propio ya desde el momento de su creación, acaecida a principios del año 2007.

Con un elenco integrado por Andrea Soto, Javier Ibarra, Juan Pablo Corvalán y María José Contreras, "La orilla" estará en cartelera hasta el 20 de septiembre en el Teatro Lastarria 90, con funciones de miércoles a domingo a las 20 hrs. En esta entrevista, María José Contreras se explaya sobre las características de una obra que más allá de su valor como propuesta teatral, da luces sobre lo que fue la sociedad chilena del Centenario y su posición ante la muerte.

¿Cómo surge este proyecto?

"La orilla" nace a partir de la inquietud de la compañía sobre "el más allá": el más allá de la vida pero también aquello que está más allá de nuestra comprensión y que nos inquieta y perturba. Fue así que llegamos al tema del espiritismo que es una práctica que a principios del siglo XX tuvo un gran apogeo en la sociedad chilena. Gracias a una investigación histórica fuimos accediendo a documentos de la época sobre sesiones de espiritismo o casos emblemáticos como la "endemoniada de Santiago" y nos fuimos dando cuenta cómo este tema que había partido por una inquietud nuestra actual nos abría una ventana a la sociedad chilena del Centenario. Mientras más investigábamos, más misterioso nos parecía la relación entre vivos y muertos, los modos de invocar a los muertos, los "comportamientos" de los espíritus. A diferencia de otros temas, el espiritismo abre brechas y preguntas, plantea grandes enigmas de difícil respuesta y esta fue nuestra principal motivación.

Tu proyecto "Remite Santos Dumont" también estaba inspirado en textos históricos.
¿De dónde surge tu interés en aportar con cada obra en una suerte de rescate patrimonial?


Nace de un interés por vincular la creación con la memoria de nuestro país. "La Orilla" y "Remite Santos Dumont" son fieles ejemplos de cómo la historia y la realidad aportan suficientes materiales para la ficción. Como se sabe la realidad muchas veces supera la ficción. Leyendo por  ejemplo las crónicas del caso de Carmen Marín, la endemoniada de Santiago, escritas a finales del siglo XIX   nos encontramos con relatos verídicos que bien podrían ser de una película de terror. En nuestro pasado se esconden y cultivan temas, casos, testimonios y anécdotas dignas del teatro. Por otro lado el teatro reelabora y reinterpreta estas fuentes históricas en modo creativo aportando otra forma de conocimiento.

"La orilla" toca el tema de la muerte, el límite, sin embargo "no es la muerte lo que interesa sino lo que ese límite nos hace". ¿Por qué quisiste tomar el tema del espiritismo y la relación con los muertos?

Creo que el tema del espiritismo nace de la inquietud sobre la muerte que es, a fin de cuentas, el gran tema de la cultura y de nuestras vidas. El espiritismo refleja un modo científico y no dogmático mediante el cual se ha intentado comprender la muerte. El espiritismo también habla de las personas que ya no están y de las dificultades que tenemos en dejar ir a aquellos que hemos amado. Por ahí se dice que los muertos siguen rondando a los vivos mientras estos los piensen e imaginen. Invocar a los espíritus es en algún sentido negar su partida. "La Orilla" trata de ese límite, de aquello que se encuentra en medio, de aquello que ya no es pero que tampoco ha cesado de ser o aquello que puede ser y no ser a la vez. Es "La Orilla" donde transcurren tiempos improbables, donde el espacio acoge todas las contradicciones para que transiten personajes que oscilan entre la vida y la muerte.

La búsqueda de un lenguaje propio es una de las características de la compañía. ¿Qué rasgos de esa búsqueda presenta "La orilla"?

Respecto a Remite, existe una continuidad en lo que refiere al tema de la corporalidad. El trabajo de investigación escénica partió de un trabajo sobre la muerte, sobre el cuerpo vivo y el cuerpo muerto. Fuimos llegando a sonoridades y cualidades corporales particulares que después nos sirvieron a la hora de interpretar el texto dramático. En esta obra existe también un fuerte componente sensorial, afirmado sobre la visualidad (aportada por los diseñadores
Felipe Olivares y Juan Andrés Rivera), la sonoridad y el ritmo. "La Orilla" intenta crear una atmósfera que hable a los sentidos en modo paralelo al texto.

¿Hubo un trabajo colectivo de dramaturgia en esta obra?

Si bien existe un trabajo de continuidad respecto a la búsqueda de lenguajes de la compañía, también es cierto que en esta ocasión quisimos explorar un trabajo más centrado en el texto. Por eso decidimos trabajar junto a Andrés Kalawski, un joven y destacado dramaturgo nacional ("Pana" y "Enormes detalles" ambos estrenados en el Teatro de la Universidad Católica) quien aportó a la creación de textos y su articulación. Fuimos descubriendo una metodología de trabajo en conjunto. Nosotros hacíamos ejercicios y muestras prácticas y Andrés iba construyendo los diálogos y organizando las escenas. Como todo "matrimonio" el trabajo implicó sus dificultades pero también nos permitió aventurarnos en terrenos que como compañía no conocíamos.

Al hablar de una estructura performativa que no es lógica ni causal, inmediatamente se entiende que "La orilla" no tiene nada que ver con una estructura lineal, aristotélica de narración, pero también que no hay necesariamente un sentido único propuesto. ¿Qué nos puedes decir sobre esto y qué esperarías del público que vaya a ver esta obra?

La temática de la obra, más que ninguna otra temática, justifica la no linealidad de la narración. El tema de la muerte, la presencia de los muertos en tiempos y espacios de nuestra vida es algo que escapa a toda lógica y racionalidad, y sin embargo algo que sucede. ¿Cómo hablar sobre la muerte en modo lineal? ¿Se puede decir algo claro sobre el misterio? Ante los problemas más oscuros de la existencia, los maestros zen no responden con fábulas, sino con los koan que son afirmaciones muchas veces incomprensibles y paradojales que sin embargo despiertan una importante sabiduría. No tenemos respuesta al misterio de la muerte y por tanto no podíamos crear una obra con un discurso lineal y lógico, una fábula que aportara un discurso unívoco.
Decidimos entonces reflejar este misterio por lo que trabajamos con personajes que cumplen roles narrativos ambiguos, historias entrecruzadas y a veces contradictorias, con una temporalidad trizada y fragmentada.

El espectador de "La orilla" puede activar recorridos de interpretación diversos, tal como cada uno de nosotros puede tener su propia opinión sobre la muerte y el más allá. La obra está pensada para ser entendida de distintos modos, no cuenta una historia única, más bien plantea preguntas. La obra muestra un enigma, metáfora del enigma de la muerte.

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