Inspirados en Poema de Chile, obra de Gabriela Mistral compuesta por 131 poemas que trazan una cartografía íntima de paisajes y elementos autóctonos, los y las estudiantes del Magíster en Artes Visuales exhibieron sus propias visiones y lecturas en relación con una selección de textos tomados de este libro. A través de la exploración de obras diversos formatos, como la pintura y la objetualidad, los artistas rindieron un homenaje a la poetisa a través de las propuestas que desarrollaron en el Taller de operaciones visuales.
“Volvimos a Galería D21, que es un hito dentro del programa, puesto que se les plantea realizar una exposición formal a los y las estudiantes con todo lo que ello implica. Tomando como puntapié El poema de Chile de Gabriela Mistral, cada estudiante eligió un fragmento dentro de esta obra, con el que realizaron un trabajo de investigación con el objetivo de llevar estos textos a la visualidad. En el fondo, a partir de todo lo que aprendieron en los tres primeros talleres de análisis visual, ellos propusieron una obra en la que fue posible visualizar el avance de sus conocimientos y sus aprendizajes en el programa”, señaló la coordinadora del Magíster en Artes, mención Artes Visuales, prof. Nury González.
Desde una perspectiva íntima y experimental, esta exposición se propuso resignificar la poesía de Gabriela Mistral, transitando desde el norte hasta el sur del país, con piezas que ofrecen múltiples lecturas sobre el extenso paisaje chileno, su cultura y su dimensión humana. “Nos pareció importante retomar la figura y el trabajo de la poetisa, puesto que justamente esta curaduría busca tratar alguna problemática relacionada con el territorio. En ese sentido, el poema que les propusimos dialoga directamente con su historia, su legado y su vínculo con Chile. El desafío fue los y las estudiantes pudieran trabajar, mirar y enfrentarse a su obra desde su propia lectura”, explicó la prof. González.

Resignificando a Gabriela Mistral
Fabiola Arenas, Andrés Maturana, Alonso Bello, Antonia Bertolino, María Jesús Masihy, Ignacio Ruano, Isidora González, Milla Gutiérrez, Karina Román, Erandi Adame y Sofia Godoy fueron las y los estudiantes que expusieron sus proyectos en esta exposición.
Monte Aconcagua se tituló el trabajo de la estudiante Sofía Zumaeta, propuesta homónima al poema de Gabriela Mistral, en la que se refiere a esta gran figura, como un padre que protege el paisaje chileno. “En este proceso, descubrí que el Monte Aconcagua no pertenece a Chile, sino que siempre ha pertenecido a Argentina, Mendoza. Entonces, quise tomar de los elementos del poema que deriva de este macizo, que es el Valle y el Río Aconcagua. Por eso quise tomar espinas de acacia y piedras como material directo de esa zona. Las pinté al nivel del río y las junté con las espinas, dando la sensación que eran de tiza y las piedras son el pizarrón, evocando también a la figura de maestra de Gabriela”, expresó la estudiante.
Un acercamiento al poema Cobre, es lo que propone la obra de Erandi Adame, a partir de su reescritura material usando las palabras como soporte. Partiendo de la estructura del quipu −artefacto andino utilizado para la codificación y registro de información en el imperio Inca− la estudiante fragmentó el texto en categorías gramaticales, generando una nueva composición. “Cada una de estas palabras fue traducida a una piedra simulando el gesto de la escritura. Tanto en el texto original como en esta reescritura, el cobre es el hilo conductor de la obra. El significado de cada una de estas palabras está contenido en su composición material o en el signo mismo que representa”, comentó.
En tanto, el estudiante y funcionario del Departamento de Artes Visuales, Ignacio Ruano, trabajó en su propuesta el poema Tordos. La lectura de este texto, como punto de partida, lo llevó a acompañar a la poetisa a los lugares que evoca la obra, especialmente a aquellos vinculados a su madre, su infancia y los paisajes del norte de Chile. “A través de sus palabras pude imaginar ese entorno árido y silencioso que se desprende del texto y que se convierte en un espacio de recuerdo y reflexión”, contó.
Este poema sitúa al lector en un higueral, un punto de descanso donde “Mistral parece detenerse a pensar. Al imaginarme junto a ella bajo ese árbol, intento reconstruir las hojas, las ramas y la sensación que evoca ese lugar. Ese ejercicio de observación interna fue esencial para definir la estética y el carácter de mi trabajo, el cual consiste en una rama metálica acompañada de hojas de higueral grabadas en acero. Bajo estas se encuentra la rama, sin sus hojas, enfatizando la ausencia y el vínculo con lo que ya no está presente”, concluyó Ruano, agregando que a través de estos elementos quiso representar la relación entre memoria, paisaje y materialidad, inspirándose en la forma en que Mistral transforma sus recuerdos en imágenes.

