“Como todos los años, esta muestra exhibe el cierre de los procesos de creación e investigación de los y las estudiantes del programa. Con el trabajo conjunto con una dupla de académicos/as, los estudiantes hicieron el ejercicio de culminar su proceso de formación con un cuerpo de obra, lo que implicó tomar una serie de decisiones en torno a su montaje, la edición y distribución de la sala. Todo esto concluye en los dos años reglamentarios de la graduación de nuestros estudiantes”, destacó la coordinadora del Magíster en Artes Visuales, prof. Nury González, quien encabezó el proceso de evaluación de los exámenes de grado, en el marco del proceso de Actividad Formativa Equivalente (AFE).
“El resultado de estas duplas fue bastante espectacular. En ese sentido, fue fundamental el segundo hito que tenemos en el programa que es el coloquio. En esta instancia, los estudiantes presentaron sus proyectos, tuvieron retroalimentación de cuatro profesores, pudiendo así llegar al cuarto semestre aplicando esas observaciones y comentarios a sus propuestas”, comentó la prof. Nury González, destacando que estos encuentros han permitido pulir aspectos del programa con respecto a sus evaluaciones desde una perspectiva transversal.
Privilegiando la creación y reflexión crítica en los procesos autorales, el Magíster se caracteriza por ser teórico-práctico en la producción de un cuerpo de obra, a través del trabajo conjunto en duplas. La comisión académica evaluó aspectos como “el valor entre la propuesta, su marco teórico y cómo fue resuelta, formal y materialmente. Es decir, cómo la obra tiene una contemporaneidad, una visualidad y su factura. El objetivo es poner como eje central la propuesta autoral, que cada uno de ellos y ellas han desarrollado durante todo el año”, indicó la académica.
En esta generación, hubo estudiantes que “descubrieron otros mundos a través del programa. En el Taller de Análisis Visual las y los estudiantes pudieron conocer y experimentar con otras técnicas, que posteriormente aplicaron sus trabajos. Es bonito ver eso y cómo afecta en cómo coinciden las obras. Por eso, en el examen de grado la obra es lo medular ponderando un 70%. La AFE, en cambio, es un texto que acompaña y le permite al estudiante poder hablar de su obra de una manera correcta y sintética”, sostuvo la prof. González.
Un cierre de ciclo de las artes visuales
Durante el primer período de exposición se presentó Mapas y Quimeras, proyecto de investigación y producción artística de la estudiante Indira Castro, en el que explora en torno a la representación de espacios y los trayectos cotidianos. “Vinculando elementos compositivos y conceptuales de los mapas, la pintura de paisaje y el concepto de imagen quimera, propuesta por el antropólogo Carlo Severi, el espacio es concebido desde una perspectiva, jugando un rol fundamental para la comprensión del entorno. En ese sentido, las obras buscan traducir esta percepción fragmentada junto con la experiencia subjetiva de habitar y recorrer entorno”, explicó la estudiante sobre esta propuesta, que abarca una revisión de trabajos personales sobre la pintura de paisaje, explotaciones materiales y referentes visuales.
Asimismo, el estudiante Tomás Gallo expuso el proyecto Bitácora material: Exploración de lo imperceptible, que surge a partir de los resultados de diversas experimentaciones y reacciones de materialidades como el cobre, el acero y el aluminio en diferentes contextos. “Esta propuesta busca dar a conocer las afecciones que pueden afectar estos materiales y ampliar la percepción de los sentidos del espectador con la ayuda de dispositivos y metodologías tecnológicas, que potencian la experiencia de resaltar los colores y superficialidades, así como pueden generar un ambiente envolvente para los sentidos. En su conjunto, la visualidad y la presencia de los dispositivos electrónicos crean un entorno inmersivo que invitan a formar parte de la obra”, indicó Gallo.
Otro de los proyectos que formó parte de esta exhibición fue Un espesor sostenido de Eliecer Espinoza, que profundiza en la noción de colapso y en la figura del escombro como ejes centrales para reflexionar en torno a la visualidad. Integrando materiales industriales residuales, la propuesta articula una investigación pictórica con la imagen digital. “La obra se estructura en dos desplazamientos: una pintura de gran formato que representa los restos arquitectónicos de una fábrica en San Joaquín, contraponiendo el paisaje local a la catástrofe global y una serie lineal de pequeños formatos que operan como fragmentos. Bajo una estética de la indeterminación y lo gris, el proyecto busca otorgar cuerpo y espesor táctil a la imagen desechable, estableciendo a la pintura como un sitio de resistencia y reconstrucción simbólica”, comentó el estudiante.

En el segundo período de esta muestra, se presentó la obra Esto del estudiante Martín López, una breve retrospectiva de su trabajo y proyección de sus procedimientos actuales. “La propuesta plantea reflexiones en torno al trastorno afásico en el espacio contemporáneo: simultaneidades temporales, desfondamiento de lo real y poéticas del impasse, en una forma de trabajo ligada a la disposición y variación continua de objetos y relaciones sobre espacios específicos”, expresó.
Una instalación performativa que aborda tensiones entre la colectividad y la individualidad fue el proyecto que desarrolló la estudiante Aylen Ayala con su propuesta Sumar a veces resta. Con una estructura metálica y cuatro puertas en cada una de sus caras, “se propome que en cada extremo, se ubique una persona efectuar un levantamiento coordinado. Dentro los espectadores están aislados en esquinas, se dan la espalda y se enfrentan cada uno a un espejo y a su propio reflejo. La obra tiene como eje central trabajar desde esa inacción y el nulo retorno de una entrega mutua. Lo colectivo desaparece, una vez que el espectador se observa a sí mismo, sin hacer nada más por quienes le han levantado un acceso o una carga pesada”, comentó.

En su tercer período de exhibición, la muestra culminó con Dejar Bajar antes de subir, instalación de Cristian Arriagada, que evoca un vagón del Metro de Santiago, construido desde el lenguaje popular. “La obra se reapropia este espacio urbano estandarizado —uno de los símbolos más reconocibles de la capital— a partir de la memoria territorial, que se vincula a mis recuerdos y el haber crecido en un pueblo pequeño y de clase popular del sur de Chile. La obra pone en juego una fricción entre la exactitud industrial y el cálculo a ojo, entre el centro y la periferia, la modernidad y las invenciones del margen. Así, el proyecto plantea lo hechizo como una forma situada de conocimiento y como una ética del hacer”, explicó.
Finalmente, en esta exposición se presentó el proyecto Visor del estudiante Santiago Cancino, un dispositivo artístico que problematiza los sistemas contemporáneos de vigilancia. Mediante la materialidad pesada y la administración temporal de la experiencia estética, “la propuesta de esta obra funciona como una interrogación crítica sobre las lógicas materiales y temporales del control contemporáneo, utilizando los marcos teóricos de Baudrillard, Foucault y Deleuze”, concluyó.

