Sobre desafíos culturales:

Decano Fernando Carrasco: “La cultura es un bien y un derecho humano”

Fernando Carrasco, decano de la Facultad de Artes

En medio de un periodo agitado por los avances de la Convención Constituyente en materia constitucional, las cercanas elecciones a la Presidencia y el Parlamento el próximo 21 de noviembre, y los coletazos de la pandemia por el coronavirus que sigue latente en el país y el mundo, el decano de la Facultad de Artes de la Casa de Bello, profesor Fernando Carrasco Pantoja, también integrante del grupo Quilapayún, aborda en entrevista su visión sobre diversas temáticas culturales, sociales, políticas y económicas que repercuten en el mundo de la cultura, las artes y el patrimonio.

Partiendo con la expectación que suscita la elaboración de la nueva Carta Magna a través de la Convención Constituyente, el académico valora el liderazgo de una mujer mapuche como Elisa Loncon y con ello “el arribo de una nueva sabiduría en el diálogo nacional” que dé paso a una construcción democrática que otorgue condiciones de mayor igualdad, especialmente en paradigmas tan abandonados al neoliberalismo como la cultura.

Asimismo señala los desafíos que considera pertinentes para las y los futuros gobernantes de Chile; los retos para el paradigma cultural en un contexto sanitario que aún vive los embates de la pandemia; y la experiencia propia de la Facultad de Artes en este panorama adverso, entre otras materias tratadas con mayor profundidad a continuación.

En medio del proceso de elaboración de la nueva Constitución que está en manos de la convención constitucional actualmente, ¿cuáles cree que son metas relevantes y prioritarias en materia de derechos culturales a nivel país?, ¿y en cuanto al ámbito educativo vinculado a las artes?

No podría hablar del proceso constituyente sin partir subrayando esta oportunidad única de representación de la amplia diversidad de visiones y formas que coexisten en nuestro país, y el trabajo de la Convención que apunta a poder representar esta nueva energía que se expresó con gran potencia en todo Chile en el ‘estallido social’. Es notable que el proceso constituyente sea liderado por una mujer mapuche, lo que implica el arribo de una nueva sabiduría en nuestro  diálogo nacional, que ayuda y aquieta la irritabilidad política y social. Este valioso proceso tuvo un costo muy alto para nuestro país, y por lo mismo es que debemos comprender su importancia: es la primera y única vez en la cual una Constitución se escribe de manera democrática. Por lo mismo considero vital que todos y todas apoyemos y cuidemos este proceso único, con características que lo posicionan a nivel internacional, como lo es la integración de la Convención con paridad de género, o la participación de pueblos originarios.

Ahora bien, atendiendo directamente a la pregunta, soy un convencido de que la cultura es un bien y un derecho humano, es la expresión más genuina de las personas y de las comunidades, permite la comunicación entre distintos grupos humanos, y representa la capacidad humana de crear sus propias soluciones para responder a sus necesidades.  Por tanto, existe una relevancia en el reconocer estas expresiones y modos de vida, y restituir lo que se perdió a raíz del proceso neoliberal y proyectar un país más equitativo. En el ámbito educativo, y viniendo de una Facultad que está en crisis y en un déficit económico importante, quedamos desafiados a ser audaces y creativos para hacer viable el cumplimiento de la misión institucional como universidad pública que se comprometa  en la construcción de un país plural, con derechos y libre de discriminación.

Pensando en que se avecinan las próximas elecciones presidenciales, ¿qué énfasis cree que sea estratégico poner en torno a las artes, las culturas y el patrimonio proyectados para una nueva gestión de gobierno?, ¿qué cambios se podrían impulsar a nivel nacional y local en la forma de abordar estos sectores culturales?

En torno al nuevo proceso presidencial, cualquier política que se lleve adelante debe ser en conversación  con la comunidad, enmarcado en el proceso de construcción constitucional, y en el ánimo de abrir accesos y territorios para el diálogo con quienes han sido excluidos de los circuitos más tradicionales de la cultura. Es un ejercicio de justicia histórica que debe permitir una igualdad de condiciones para acceder a los bienes espirituales de nuestra nación. El cambio fundamental es integrar el discurso y la participación de la comunidad.

A propósito del reciente recorte de -4,6 de presupuesto para el 2022 en la partida 29 del MINCAP e incluso de los diversos cuestionamientos de financiamiento y apoyo económico desigual al sector cultural en casos como el apoyo financiero a galerías vinculadas a la élite o la concursabilidad de fondos un tiempo atrás, ¿cuál es su mirada en torno al apoyo inequitativo que reciben las entidades culturales?

No acepto la  inequidad y en este caso específico con el conflicto de interés sobre la adquisición de fondos a través del programa de apoyo a organizaciones que están en el negocio galerístico  y que pertenecen a empresarios emprendedores que lucran con el arte. Nuestro clasismo se refleja en todo y no puedo estar de acuerdo con que se financie prioritariamente y en forma desigual a instituciones consolidadas de élite mientras no hay oportunidades para agrupaciones y organizaciones de carácter emergente, quienes deben postular y concursar a fondos para llevar adelante sus proyectos y vivir además de la actividad artística que desarrollan en estas condiciones tan precarias. Por ende, es necesaria la construcción de un modelo distinto de financiamiento para apoyar lo artístico. Que esto no solo sea un reparto de dineros más o menos equitativo sino generar una política seria que denote el respeto y el aprecio por las artes, de acuerdo a planificaciones que consideren los intereses y necesidades de las comunidades y sus organizaciones.

El último ajuste del presupuesto que se menciona deja en un muy mal pie a un sector que ha sido muy golpeado históricamente, y que ha sufrido de manera aguda en la pandemia, y por tanto es una medida incomprensible que agravaría la salud del medio cultural y artístico nacional, ya que distintos proyectos se harán inviables. Esto devendría en un deterioro de las condiciones de vida de un sector  de la población, en paralelo a contribuir con una sequía cultural, en un momento en que lo esperable sería una reactivación, dados los avances sanitarios y la apertura de los espacios. En un contexto de reactivación económica, esto implica que nuevamente la prioridad no es la cultura, y viene a ahogar procesos de gran relevancia para la vida espiritual de nuestra población.

Situándonos en el panorama global por la pandemia del Covid-19, ¿cuál cree que han sido los principales desafíos que ha enfrentado la Facultad de Artes?

El desafío fue mantener la Facultad con vida universitaria y con salud mental y física.  En ese sentido el trabajo de la comunidad ha sido fundamental para mantener las actividades críticas y en diálogo permanente con las diversas condiciones que hemos tenido que asumir en este complejo periodo. Sin duda, lo remoto ocupó y ocupa un lugar fundamental y crítico en el desarrollo de esta nueva etapa en nuestros procesos al interior de la comunidad universitaria, mostrándonos las inequidades y las diferencias sociales en el acceso y las condiciones que existen para enfrentar esta dura realidad en los distintos estamentos, condiciones de los hogares, acceso a conectividad etc. Lo cual ha implicado un desafío constante de mejorar las herramientas para ayudar y apoyar en sus necesidades a los integrantes de nuestra Facultad.

¿Qué aprendizajes valora de esta experiencia telemática, tanto en formación académica, extensión, vinculación con el medio, investigación y creación artística?, ¿cómo se proyecta lo anterior?

El proceso de estos casi dos años, ha implicado cuestionarnos nuestras maneras de hacer arte y comunidad, y nos ha llevado a buscar nuevos formatos y procesos para seguir proponiendo espacios de expresión. En esa línea, destaco la capacidad de la comunidad de realizar  propuestas de creación colectiva, pese a la distancia y a las limitaciones del formato telemático.

En la vida académica, por cierto, un aspecto muy relevante es el encuentro entre las personas, ya que en los intercambios que ocurren fuera de aulas y escenarios se generan aprendizajes y vínculos muy profundos y de gran proyección triestamental. Efectivamente, el periodo remoto nos ha hecho valorar espacios que se han visto dificultados por las medidas sanitarias, y es con mucha alegría que hemos retomado algunas actividades presenciales. Por lo mismo, creo que existe una nueva visión sobre un espacio que se consideraba como dado, y hemos reconocido que el encuentro y los momentos cotidianos compartidos tienen una importancia vital en la actividad universitaria, y que en su ausencia hemos aprendido a atesorar.

Finalmente, creo que no habrá un retorno a la vida tal como fue antes de la pandemia, ya que estos formatos y modos de hacer se incorporan a nuestras prácticas, en las que convivirán la tradición y la presencia física, con las redes de comunicación a distancia y las propuestas colaborativas en este ámbito. 

 

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