Ricardo Herrera se pasea al medio de un gran círculo de niños en un colegio de Puerto Natales. Hace sencillos ejercicios de percusión que los niños repiten, aplaudiendo, golpeándose el cuerpo, o el suelo. Y luego abre una caja. De la caja saca dos palitos y empieza a tocar las distintas texturas que la caja trae. Invita a los niños a imitar el ritmo y luego trae una mesa para que otros toquen en ella. Los niños tocan y ríen, algunos siguen el ritmo con gran talento. Todos se entusiasman y siguen el juego.
La escena corresponde al último taller de la Fundación "Caja Musical Mundial" en dicha localidad del sur de Chile, que fue dirigido por el estudiante de Percusión de la Facultad de Artes y que convocó a cerca de 80 niños. Normalmente los talleres se realizan con menos participantes: 20, 25. Pero el concepto es el mismo: jugar y despertar el interés por la música en niños de todos los estratos y condiciones.
"Caja Musical Mundial es un concepto que se visualiza así: los instrumentos salen de cajas de madera. Una caja grande la utilizamos para guardar los instrumentos. Una cajita pequeña donde se guardan los palitos de percusión por toda la clase (aproximadamente 40 - 50 parejas). Sobre las tapas de la cajitas de madera encontraremos el logo de Caja Musical Mundial, y cuando estos se abren estaremos sorprendidos de todo lo que encontraremos".
Así, el director de la Fundación World Music Box, Paul Zeegers, explica la base de esta iniciativa holandesa que ha realizado actividades con niños de �?frica, Europa, India, Asia y ahora América Latina, para incentivarlos a descubrir la música mediante ejercicios básicos y lúdicos.
Chile es el primer país de nuestro continente que es incluido en este proyecto, al que se vinculó el estudiante de Percusión de la Facultad de Artes, Ricardo Herrera: "En Sudamérica proyectamos una versión en español del World Music Box: Caja Musical Mundial, específicamente en el Sur de Chile, Puerto Natales, y se ha realizado durante abril de este año un programa de trabajo que incluyó la participación del estudiante de Percusión de la Facultad de Artes, Ricardo Herrera, quien viajó a Puerto Natales para integrarse a dicho proyecto, trabajando en esa región para despertar en los niños un talento especial y amor por la música, el cual aporta en su vidas un quehacer cultural que promueve en sus vidas los valores y que busca conquistar nuevos talentos que contribuyan a encontrar en la música la llave que abre la puerta hacia un horizonte mejor", dice Zeegers.
Desde el 2001, esta fundación de músicos de orquesta "que se cansaron de las alfombras rojas y el champagne" y quisieron hacer algo para ayudar a otros, funciona "tocando por y con niños de todo el mundo", como explica el holandés Jurgen Nab en un entendible castellano, al presentar la experiencia en la sala 901-B de Compañía 1264, para estudiantes y académicos. "Ricardo estuvo una semana jugando con niños desde 2 y 3 años hasta adolescentes de 17, 18. Hizo un muy buen trabajo y por eso lo invitamos a Holanda", cuenta Nab.
De esta forma, Ricardo Herrera viajará a Holanda en junio para compenetrarse mejor con esta organización y así convertirse en el representante en Chile de World Music Box, que cuenta con embajadores en distintas partes del mundo.
"Cada colegio era una experiencia distinta"
"Fui a Puerto Natales porque el percusionista de ellos estaba con tope de horarios. Trabajamos con niños en riesgo social, con problemas de lenguaje, niños normales, todos juntos. Estuvimos en todos los colegios, que eran ocho o diez, e hicimos talleres con alumnos de 1º básico a 4º medio. Hubo distintas recepciones. En los colegios particulares eran más tranquilos, en los fiscales eran más hiperkinéticos...Cada colegio era una experiencia distinta", cuenta Ricardo Herrera.
El estudiante y miembro del ensamble de percusión Trok-kyo, confesó que "cuando llegué no tenía idea a lo que iba. A medida que pasaron los talleres me fui sensibilizando... Es un aporte muy lindo, generalmente nosotros estamos preocupados de nosotros mismos, de ser los mejores músicos, y no entregamos mucho".
A su llegada a Santiago, Herrera y los músicos holandeses realizaron un taller en Peñalolén, en las "casas chubi" (entregadas a familias de escasos recursos de dicha comuna y denominadas así por su tamaño y color), experiencia que fue la que más conmovió al estudiante: "Trabajamos en una de las casitas chubi y se juntaron todos los niños de la población en una casa. Estaban todos muy contentos... Ver esa realidad y que ellos le den tanta importancia a esto, es una misión bonita".
El percusionista explica que la idea, en todo caso, es realizar los talleres en provincias, ya que allí hay un mayor impacto. Sobre su viaje al país de origen de World Music Box, Herrera dice que "la intención de ir a Holanda es entender el proceso completo, perfeccionarme en eso para poder transmitirlo con responsabilidad".