Mireya Larenas

Pintar a través de los ojos de una mujer

Mireya Larenas Soto (1932-2022) se posicionó en la escena artística en la década de los cincuenta. La pintura, su medio principal, le permitió construir un cuerpo de obra que se destacó por su uso del color y pincelada suelta, y que tuvo como constante la representación de mujeres, mediante las cuales exploró el desnudo y el erotismo. La figura masculina también estuvo presente, por ejemplo, con todo su trabajo dedicado al tango. Lo primordial en su obra es su mirada y experiencia, al respecto señalaba en una entrevista de 1996: “La pintura mía es como una visión de la vida, de las cosas trascendentes, de las cotidianas, pero vistas a través de los ojos de una mujer"1

La importancia que asignaba a ser mujer fue un asunto que también trascendió en su formación. Los referentes masculinos abundan en una estructura artística patriarcal, no obstante, la pintora Ximena Cristi fue una de sus principales influencias, su vínculo lo desarrollaron también mediante la docencia, ya que Larenas fue su ayudante desde inicios de los sesenta hasta principios de los setenta en la Universidad de Chile. Posterior a ello, Larenas obtuvo el cargo de profesora de pintura. Sobre el primer encuentro entre ambas: “La artista recuerda que quedó muy sorprendida, ya que el discurso de la pintora mayor fue ‘ultra interesante, no lo he olvidado jamás, un discurso adelantado al feminismo’. Le dijo que le había gustado mucho su obra, que a las mujeres les costaba mucho para ser reconocidas, que todos los halagos que recibían de los hombres tenían otra finalidad, y que si ella necesitaba ayuda podía tenderle una mano”2. Esto según consignó la investigadora Daniela Berger en una entrevista realizada a Larenas para el catálogo razonado de Cristi.

La relación entre ambas también significó que Cristi escribiera sobre su obra. Desde sus inicios esta se asoció –por parte de la crítica– con el expresionismo, lo que evidencia que la matriz artística europea es definitoria en el periodo para comprender la producción local. Sobre esto Cristi señaló: “Si bien es cierto que se apoya en el expresionismo, es enteramente personal, porque pone en juego elementos que se adscriben a una subjetividad que, por serlo, no repiten fórmula alguna”3. Lo que nos demuestra que existía una incomodidad con que la comprensión de la pintura local deba responder necesariamente al relato de la historia del arte “universal”, sin embargo, y por el carácter canónico que este tipo de discurso tiene, la opción de la crítica era concederle categorías para luego desmarcarse de ellas. Casi una década después de ese texto, en 1996, Larenas respondía a la pregunta por su vínculo con el expresionismo de la siguiente manera: “Creo, como tendencia, que estoy dentro de un expresionismo, pero no influenciada por el expresionismo europeo, sino propio de una artista latinoamericana. No sigo corrientes ni modas”. Relevar un modo de pintar propio era fundamental para la artista y en esa línea encontramos la persistencia en sus temáticas, paleta y estilo.  

En los setenta, la crítica de arte Ana Helfant describió su trabajo pictórico en los siguientes términos: “Para ella el desnudo de mujer lleva siempre en el subconsciente a una diosa de la fertilidad. En este mundo hecho de sensualidad y erotismo predomina siempre una violencia interior, un sentimiento dramático más allá de las glorias que ofrece la naturaleza, su pintura no refleja esa alegría de vivir que es peculiar de Matisse, por ejemplo, sino una lucha indomable entre un deseo de sublimación y la fuerte sensación vital. (...) Mireya Larenas ha conseguido expresarse con franqueza, rompiendo los moldes y sobreponiéndose a las tradiciones. Por eso su pintura es tan auténtica y tan plástica”4. A partir de esta cita podemos constatar cómo la impronta de su trabajo se afianzó y perduró a lo largo del tiempo. Cabe mencionar que Helfant realizó una crítica desenfadada que la desligó de los vínculos históricos para darle su propio valor, cuestión relevante si consideramos la importancia que tiene validar la producción pictórica desde una perspectiva metropolitana.

En la obra de Mireya Larenas el cómo se pinta (la ejecución) es tan importante como lo representado (el motivo). Abordar el cotidiano, los temas mínimos y hacer de las mujeres su constante fue siempre su objetivo, ya que fue el modo en que logró diferenciarse de las tendencias humanistas y universalizantes (por lo tanto, masculinas) que eran gravitantes en la escena de la época. Su gran número de obras nos exigen valorar desde el presente su trabajo, que no ha sido inscrito en ningún relato crítico que reconozca su especificidad más allá de las categorías tardomodernas que suelen aparecer en sus referencias bibliográficas. Esto nos exige salir del epíteto repetitivo del expresionismo para ver a la artista en su contexto, en el que la docencia y la práctica artística fueron fundamentales.

Mariairis Flores Leiva, historiadora del arte y feminista.

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