Entrevista

Nuri Gutés: "La danza requiere de ímpetus de esfuerzos y miradas curiosas"

Con una trayectoria de más de tres décadas, Nuri Gutés, coreógrafa y actual académica del Departamento de Danza de la Facultad de Artes de la Casa de Bello, ha desarrollado numerosos trabajos en la escena nacional de la danza contemporánea, donde destacan más de 30 montajes grupales e individuales que ha dirigido teniendo como eje temático el cuerpo en su dominio gestual, expresivo e imaginario.

En su paso durante los ’80 por “La Pequeña Compañía”, donde fue co-creadora junto a Elisa Garrido-Lecca, presentó obras como: Perfume SerialHorror Loci, Los Mares (FONDART 1992) y Taninos en Festivales de Sao Paulo, Caracas y Mendoza; para más tarde viajar a París como becaria del gobierno francés tras a C.N.D.C. de Angers. Entre muchos estrenos, Nuri ha seguido sumando obras como DOV para el Ballet Nacional Chileno en 1995, Nómades en 2001 con financiamiento FONDART,  La consagración de la primavera, un rito vernal en 2013, y Pitias en 2019.

En esta oportunidad, a propósito de un reciente viaje a Alemania junto a la  creadora y bailarina egresada del Depto. de Danza, Daniella Santibañez, donde tuvieron la oportunidad de presentar la propuesta escénica Fronteriza, Nuri Gutés  comparte en entrevista algunos detalles de ésta y otras vivencias haciendo un recorrido por múltiples aprendizajes y experiencias vinculadas al ámbito de la danza, la cultura y las artes.

Desde hace décadas te desenvuelves como coreógrafa a nivel nacional e internacional, razón por la cual has participado de festivales y diversas instancias de vinculación con otros centros culturales e instituciones, ¿cuál es la sinergia que se produce cada vez que te presentas e interactúas con un nuevo público?

Partiré admitiendo una realidad: ojala tuviéramos nuevo público, eso es lo que más queremos. Es complejo tener una labor de difundir y difundir ya que para eso se requieren principalmente obras y espacios, pero por sobre todo hace falta una labor de máxima confianza desde las instituciones y desde los actores o provocadores culturales. Es muy estimulante ver siempre que hay ganas de dialogar para agenciar nuevos recorridos, pero pocos son los que se concretan y por ello debemos interactuar mucho más entre los departamentos y sus profesionales presentes.

Acercándome más a la pregunta, en general, no participo mucho  de festivales  ni ferias llamativas, si bien esas instancias ayudan a producir ebullición y entusiasmo no estoy segura de que realmente exista un número importante de encuentros,  se debe  promover de verdad el sentido de las obras y sus pliegues de reflexión. La idea, a mi parecer, es demostrar  lo vivo  y activo que una sociedad mantiene como fluidez cultural. Compartir en el resto de Chile con artistas y creaciones diversas que los centros culturales e instituciones  promuevan para una gran diversidad de audiencias sería óptimo. 

¿Qué podrías contarnos de tu última experiencia en el congreso en Alemania hace unas semanas? 

Con la artista Daniella Santibañez, egresada del Departamento de Danza de la U. de Chile, conocimos en el TanzKongress de Maguncia diversas obras y artistas con mucha fuerza interpretativa y mucho profesionalismo para con sus modos de crear, presentar y disfrutar de su trabajo.  Fue una experiencia preciosa ver como una ciudad como Mainz  logra compaginar todo para que un teatro municipal magnífico, unas calles gloriosas con un  pasado renacentista, un público actual  diverso y relajado puedan darse un espacio tiempo de 5 días para sentir que la danza inunda y protagoniza ciertos lugares abiertos y públicos, dando así  temas de conversación y observación   y todo lo que eso implica en estación estival. 

Y en ese inspirador escenario que describes, ¿en qué consistió la presentación que compartieron con Daniella?

Para contextualizar, nuestra propuesta con Fronteriza fue estrenada en TanzKongress en Malacoff-Terrasse, un espacio público cualquiera con un muro, ese era nuestro requisito -esto fue  en junio 2022- aunque ya teníamos un video realizado en 2020 en plena pandemia en el barrio Matta sur.

Esta nueva propuesta 2022 -cuya invitación nos la hizo  María José Cifuentes ex directora artística de NAVE a quien le agradecemos que mostrara nuestro video - contó con la especial participación de Lila, una adolescente alemana de 15 años que conocimos allá  dos días antes para darle un rol pequeño, pero que nos proporcionó otros parámetros para reflexionar sobre “qué es una  invitación”, “cómo participamos de una invitación en espacio público sin antes conocer la obra”. Eso en el caso de ella; para nosotras: “cómo integramos a esta chica de forma orgánica a la performance”,  etc.  Ese fue un gesto a descubrir; invitar a quien nos invita. 

Junto a Daniella gestamos desde Santiago la idea de completar la triada “adolescencia - adultez  - vejez” y eso nos ponía en un lugar diferente en la cuestión performativa, de hecho, precisamente esa  propuesta abrió un nuevo tema de conversación en el TanzKongress. 

Ahora, en términos del proceso, no podría dejar de agradecer a más personas que participaron de este proyecto. Me refiero Mayo Rodríguez que nos ayudó mucho en la organización allá y sobre todo en la traducción, también a Vicente Yañez  quien se encargó de la música  y Juana Díaz, quien nos proporcionó  el vestuario. 

Adentrándonos precisamente en este mundo diverso donde se cruzan perspectivas de muchas índoles, ¿qué prácticas y desafíos crees que comparten otras personas del arte en los lugares donde has podido estar?

Para mí hay algo esencial y es que la danza requiere de ímpetus de esfuerzos y de miradas curiosas incesantemente. Compartimos generalmente algunas quejas y desazón por la escasez de lugares, instancias de muestras y de presencia en los teatros o lugares idóneos. Eso pasa en muchos  países pero creo que en Chile es realmente preocupante.  

En el TanzKongress, algunos representantes de países latinos mostramos piezas en espacios públicos con total tranquilidad  y respeto de los transeúntes y observadores,  en ese sentido me pareció que la organización  fue  enorme y compleja por la cantidad de actividades propuestas por el congreso, sin embargo el resultado y la expectativa gozaron de simpleza y fraternidad en un cierto estilo germánico. Sobre ese panorama, yo creo hay que poner en práctica aquí las potencialidades de encuentros reales entre los artistas y los organizadores y productores, es fundamental.

Nuri, trasladándonos a otra arista de tu trayectoria en el mundo de la danza, especialmente por el desempeño como académica del Departamento de Danza de la U. de Chile, ¿cómo ha sido el recorrido por el ámbito de la docencia desde que te incorporas a la Facultad de Artes?

La docencia que he podido impartir es -o pretende ser- una zona donde lo activo y vivo en la entrega de conocimiento, a través del movimiento del cuerpo inspirado, pueda hacer que las los estudiantes incursionen y se cuestionen.

Los cambios y acontecimientos académicos que la misma carrera ha ido innovando hacen que las clases se vuelvan puntos de inflexión entre el placer, la diferencia y los compromisos con el aprendizaje de la danza en los niveles que se desean. La docencia, en esa línea, ha tenido una fundamental importancia para hacer un camino con agudeza en la mirada sobre lo que va cambiando, porque los cambios son rápidos. La docencia entonces, desde mi perspectiva, abraza estilo y compromiso. 

¿Cómo describirías la pedagogía que impartes con tus estudiantes?

Es una pedagogía dialogada. Deseo que las y los estudiantes comprendan una fuente de ideas necesarias para un conocimiento que involucra lo mejor de lo humano y al mismo tiempo, que el arte de la danza en este presente tan diverso y tecnologizado pueda contener una mirada focal con distintas expresividades e inteligibilidades. Es en conjunto con las y los estudiantes que se puede prestar atención muchas veces a los efectos apotropaicos de los momentos dancísticos.  Siempre hay que estar dispuesta a una pedagogía desde la expresividad y experimentación con gracias reactivas.

Pasando al contexto social de los últimos años, el cual ha estado marcado por momentos tan opuestos como la vorágine del estallido social y el aislamiento debido a la pandemia global por coronavirus, ¿qué reflexiones crees que se han puesto en el tapete respecto del cuerpo, el espacio y las personas?

Las reflexiones que considero más esenciales son, por una parte, que necesitamos de la presencia real y el contacto sensual para que los actos artísticos sean valorados y den lo que deben dar. Espacio, cuerpos y personas son la masa madre y a eso sumémosle, ritmo, bios y nuevas inter- relaciones.

Por otro lado, siento que también hay un rol importante que debe generarse desde la universidad al velar por estar fundando estos valores de todas y todos quienes lo hacen posible al involucrarse.

Situándonos precisamente en los distintos escenarios sociales y políticos que vivimos como sociedad, sobre todo en el último tiempo, ¿cuál crees que es el papel que ha tenido la danza?

La danza puede tener muchos roles y se la puede utilizar para muchas llamadas de origen y necesidad social. Ha sido una suerte de bulla y una reveladora presencia, ha sido una insumisión y un panfleto. 

Observemos como eso ha ido cambiando y entregando motivos de acción social con mucha fuerza, sin embargo creo que la danza como arte de expresión subjetiva y mítica, íntima y colectiva no logra seducir suficientemente aún para que muchas personas que lo desean secretamente puedan dedicarle tiempo en sus vidas. 

La danza desde lo social y político es amante del conocimiento con carácter y es también filosofía fantasmal que puede provocar  más allá de lo que  vemos. 

De todas maneras existen ciertos logros que relevar en la escena local, como el nombramiento de la bailarina y coreógrafa Joan Turner como Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales el año pasado. ¿Cuál es tu impresión de reconocimientos como éste y a qué retos nos invitan?

La persistencia y el trabajo constante y minucioso de las personas que bailan, organizan, crean, difunden, gestionan y sobre todo las personas que miran la danza, la aprecian y le devuelven reconocimiento es una verdadera red que se debe fortalecer. Joan Turner demostró de modo sencillo pero lleno de profundas convicciones que la danza es vida y sabiduría, que eso lo necesita siempre una sociedad.

En resumen, la trascendencia y el desafío de seguir impulsando esta disciplina se sostiene en una premisa muy clara: que la danza fortifica a las personas dándoles una ventana para volver a mirarse aun cuando los tiempos sean oscuros y confusos.

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