Fondo de Apoyo a los Organismos para el Retorno Presencial de la U. de Chile:

Facultad de Artes obtiene fondo para implementar salas híbridas

Implementar de manera paulatina actividades presenciales en los programas de etapa básica, pregrado, postgrado e Isuch, así como en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Museo de Arte Popular Americano (MAPA) y Teatro Nacional Chileno (TNCh), es el objetivo de este proyecto con el que la Facultad de Artes se adjudicó un Fondo de Apoyo a los Organismos para el Retorno Presencial de la U. de Chile y con el que apuesta no sólo por el retorno gradual a la presencialidad en el ámbito docente, sino también por la innovación en los procesos formativos, de creación y de investigación que allí se desarrollan. 

Y ello, a través de las diversas acciones que considera el proyecto, entre otras, la implementación de salas híbridas avanzadas e intermedias, la habilitación de espacios antes no considerados para la docencia y la presencia de ayudantes en las asignaturas críticas que tendrán una modalidad híbrida y remota, quienes tendrán la tarea de colaborar con el proceso formativo de las y los estudiantes.

“El gran trabajo que han realizado las y los profesores durante la pandemia ha sido innovar en sus metodologías para que los aprendizajes que están sucediendo vía remota sean significativos. Y a partir de ello está esta posibilidad de utilizar la tecnología como una herramienta didáctica y metodológica para los procesos de enseñanza, tecnología que también -y yo creo que es una de las cuestiones más interesantes- se instala en los procesos de creación e investigación, interviniendo finalmente en todos los ámbitos del quehacer académico de nuestra Facultad”, señala la vicedecana de la Facultad de Artes, Verónica Canales.

Salas híbridas

La docencia que se imparte en la Facultad responde, en su gran mayoría, a un modelo de formación artística cuyo proceso de enseñanza/aprendizaje es eminentemente práctico, contemplando carreras en las que, además, el cuerpo, el contacto y el trabajo colectivo son fundamentales. De allí que las salas híbridas, entendidas como aquellas que permiten la realización de docencia con estudiantes que se encuentran in-situ y estudiantes que acceden de forma remota, manteniendo una experiencia educativa equivalente en ambos grupos y permitiendo la interacción entre quienes se encuentran en la sala de clases y quienes están conectados por medio de internet, emergieron como una solución para la formación que se entrega en la Facultad de Artes en medio de la crisis sanitaria.

La pertinencia (de las salas híbridas) tiene que ver con dos cuestiones. Una es la inclusión, porque el 45 por ciento de nuestros estudiantes son de regiones y hoy están en regiones o pensando cómo van a volver. Y lo otro tiene que ver con las características de lo que enseñamos, en las cuales están los materiales y los cuerpos disponibles para ser convertidos en algo, y para eso se necesita el encuentro con el otro”, explica la directora de la Escuela de Pregrado, Ana Luisa Campusano. Y añade: “No es posible enseñar eso a través de un manual, eso tiene que quedar en el hacer físico, en la técnica, en la puesta en marcha de un hacer concreto”.

La iniciativa, con un costo cercano a los 230 millones de pesos, contempla la implementación de dos salas híbridas avanzadas en la sede Las Encinas, dos en la sede Pedro de la Barra y una en la sede Alfonso Letelier Llona -que se sumará a una que ya fue habilitada en el Departamento de Danza, en colaboración con la Vicerrectoría de Tecnologías de la Información de la U. de Chile-, así como 26 salas híbridas intermedias de las cuales 6 se implementarán en el Isuch, espacios cuyas características específicas responderán a los requerimientos de las disciplinas para las cuales se implementen. 

“La sala híbrida que ya está operativa en el Depto. de Danza tiene cámaras de alta resolución que trabajan no sólo la frontalidad y que, además, tienen sistemas de audio, así como monitores a través de los cuales te comunicas con las y los estudiantes que están de manera remota. A través de esas pantallas les vemos y escuchamos, porque pueden intervenir en la clase”, describe la vicedecana y también académica del Depto. de Danza. “En el caso de las artes visuales y el diseño teatral, por ejemplo, las cámaras deberían capturar cuestiones que son más del hacer, cámaras que más que el cuerpo entero, se focalicen en el detalle”, agrega Verónica Canales.

En la elaboración del proyecto se contempló, además, el diseño de un modelo de enseñanza híbrida -remota y no remota- que buscará fortalecer los aprendizajes nucleares de las y los estudiantes, privilegiando las actividades prácticas y las teóricas/prácticas de cada plan de estudios de todos los niveles formativos. Además, consideró en su planificación las necesidades tecnológicas, de equipamiento y de aforo de cada una de las unidades e identificó aquellas actividades que requieren inmediatez en su implementación así como el impacto en la realización de actividades críticas que requieran de manera urgente la presencialidad, todo ello, ajustado a los protocolos dispuestos por la autoridad.

Más allá de la docencia

“Este proyecto va a modificar procesos de enseñanza que ya vienen siendo modificados desde que la docencia se volvió remota, desde el inicio de la pandemia”, comenta Ana Luisa Campusano. Para ella, “este nuevo paradigma de enseñanza, de alguna manera, también va a generar desbordes hacia la propia producción artística de quienes enseñan, porque la pregunta en torno a cuál es el objeto se va a volver difusa, porque la realidad ya se vuelve difusa bajo este modelo. Me parece que ahí hay una cuestión que no sé si esté dada por el proyecto, pero sí me parece que es una provocación que se instala con este nuevo modo de enseñanza”. 

Si bien el proyecto vendrá a resolver un problema puntual y urgente, que es el retorno de las actividades docentes presenciales en el marco de una crisis sanitaria -y considera, además, la compra de equipamiento para contribuir con las actividades presenciales que ya están desarrollando el MAC, el MAPA y el TNCh-, se espera que también impulse la innovación en la docencia, la creación y la investigación artística. “No sé si innovación es el mejor concepto, pero se está utilizando para hablar de esos nuevos lugares donde explorar e investigar en los ámbitos que son propios de nuestras disciplinas artísticas y que tienen que ver con los bordes también, porque las disciplinas artísticas cada vez más van moviendo estas fronteras para dialogar y hacer un trabajo con otras disciplinas, donde las tecnologías tienen un rol muy interesante”, señala Verónica Canales. 

“Las artes siempre dialogan con la realidad, que es lo que finalmente hace que los artistas o las obras existan producto de esa reflexión crítica que tienen con lo real, la realidad, el contexto, la política, el acontecer”, comenta Ana Luisa Campusano, para quien esta nueva realidad marcada por la pandemia y la actividad remota también se verá reflejada en la creación. “Hay que pensar qué obras vamos a ver en cuatro o cinco años más. Hoy lo tenemos muy encima, no es posible visibilizarlo, pero en cinco años más vamos a ver obras que van a estar hablando de este presente y con el uso de estas tecnologías. Por eso me parece interesante la palabra provocación”, añade. 

De allí que el proyecto también se presente como una invitación a repensar los modos de producción académica y los procesos creativos e investigativos en arte, a partir del uso de estas tecnologías. “Creo que ya hay muchos artistas que están en esa investigación, entonces, si además tenemos una implementación para provocarla, creo que es muy interesante”, agrega la vicedecana en relación a la infraestructura con la que contará la Facultad gracias a la adjudicación de este fondo. Y concluye: “Como institución tenemos que dar las condiciones para que aquello vaya sucediendo. Es un momento histórico que no va a marcar solamente nuestras vidas. La historia va a hablar de aquel lugar de pandemia y de cómo todo se fue reinventando a propósito de ello”. 

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