Instalación y performance

Danza, sonido y visualidad en "Intersecciones frágiles"

El 2020 se venía intenso para las y los artistas tras Intersecciones frágiles. A la inauguración de la obra, programada para la segunda quincena de marzo en MAC Parque Forestal, le seguirían actividades en la Universidad Austral, en la Universidad de Playa Ancha y el Festival Sonorities de Arte Sonoro en Reino Unido. Sin embargo, la emergencia sanitaria que se vive en todo el mundo obligó a cancelar las actividades, partiendo por el estreno/inauguración de esta propuesta conformada por una instalación interactiva que, cada cierto tiempo, es intervenida por una performance.

“Una de las cosas interesantes de esta obra es que es modular”, explica Francisca Morand, coreógrafa, académica del Depto. de Danza y directora de Intersecciones frágiles junto al artista sonoro y académico del Depto. de Sonido, Javier Jaimovich. En la obra converge una instalación creada a partir de dos objetos interactivos y autónomos -Junípero y Sensorium- que, en momentos específicos, es intervenida y conectada través de una performance basada en los sonidos de la voz y otros datos fisiológicos entregados, in situ, por la propia Francisca Morand.

La performance es “de corte dancístico, pero tiene mucho de improvisación”, añade la artista, que trabaja en escena con sensores que procesan su voz y otras bioseñales que entrega su cuerpo, interactuando con Junípero y Sensorium para movilizarlos “de una manera más coreográfica”.

Pero no sólo ella interactúa con los objetos, el público también, si quiere hacerlo. De hecho, Sensorium es una escultura interactiva que capta la voz, frecuencia cardíaca y rostro de los asistentes para producir un entorno visual y sonoro basado en las características de las personas que visitan la instalación. Y Junípero, que se activa a través de Sensorium, “tiene movimiento propio, produciendo imaginarios por sí mismo, sin que haya un cuerpo ahí”, dice la coreógrafa sobre el objeto basado en papel y materiales de muscle wire -también conocido como metal inteligente-, que sugiere múltiples interpretaciones a partir de sus movimientos sinuosos y gráciles.

Experiencia sensorial

Lograr que el público tenga una experiencia corporal más cercana a la que tiene la performer en escena fue uno de los intereses que impulsó la creación de esta obra en la que Francisca Morand y Javier Jaimovich trabajaron con la artista visual Mónica Bate, el compositor Diego de la Fuente y el artista audiovisual Paulo Fernández, entre otros colaboradores, para dar forma a esta propuesta en la que reflexionan sobre el cuerpo contemporáneo y la interacción entre biología y tecnología.

“Entendimos que la comprensión era algo importante para la experiencia estética, sobre todo en el caso de este tipo de obras tecnológicas. Por eso es que generar una obra que permitiera a la gente interactuar en primera persona con los elementos era algo que se nos hacía importante. Y por eso también el trabajo con la artista visual Mónica Bate, porque había que crear materiales para hacer accesible, corporalmente, esta experiencia a las personas”, explica Francisca Morand.

A ello sumaron que el diseño de la interacción entre performance e instalación fuera en tiempo real, es decir, generada a través de las bioseñales que el cuerpo de Francisca Morand entrega en el momento mismo de la performance. Y si bien hay una estructura que la artista sigue, cada performance es única porque, como explica, “yo también voy reaccionando físicamente a lo que escucho y produciendo ciertas cosas que a veces no sé muy bien cómo van a emerger. Entonces, estoy en ese estado performático, de estar muy en el tiempo presente, realizando las acciones e interactuando también con el sistema”.

Así, con Intersecciones frágiles invitan a reflexionar sobre “un cuerpo múltiple y complejo: a veces singular y otras colectivo, parte carne y parte máquina, inmerso en un entorno inestable que obliga al sujeto a sentir, actuar y transformarse”, se señala en el sitio web de esta obra donde el cuerpo -de la performer, del público, de los objetos- es un eje fundamental.

Nuevo escenario, nuevas preguntas

La “pausa” que trajo la crisis sanitaria en relación a la inauguración y desarrollo de las actividades asociadas a Intersecciones frágiles, se opone al ritmo vertiginoso con el que este grupo de artistas estuvo trabajando los días previos a la fecha de la inauguración. Pausa que les ha permitido tomar distancia para observar y pensar la obra y en el marco de la cual contactamos a integrantes del equipo de artistas para ver si las circunstancias actuales han cambiado en algo la lectura que hacen de ésta.

“No sé si ha cambiado”, dice Mónica Bate en relación a la pregunta. “Creo que se han sumado estas conversaciones de pensar desde otro lugar la obra y los procesos, sobre todo el asunto de la colectividad y la interdisciplinariedad, lo que nos ha llevado a pensar desde ahí el asunto, algo que no habíamos hecho del modo en que lo estamos haciendo ahora”. En ese contexto, el proceso en el que están actualmente “quizás no ha afectado tanto en el hacer, pero sí en el pensar el proyecto, la obra”, añade.

“Y también pensar que la obra no concluye en la inauguración. Nos falta lo más importante, que es poder tener la relación con el público y eso obviamente va a alimentar y ayudar a darle forma a esa comprensión de qué es lo que termina siendo”, comenta Javier Jaimovich sobre la interacción con el público que contempla la obra y que si bien pudieron “probar” en aperturas acotadas, aún no saben cómo resultará con la versión que está montada en el MAC. “Y es súper difícil hablar de la obra sin que haya sucedido esta interacción. Entonces, eso hace que el proceso no esté completo”, agrega Francisca Morand.

Intersecciones frágiles es una obra viva que, esperamos, va a seguir trabajándose en otras configuraciones, de otras formas a futuro. Entonces, esto sin duda puede que tenga más vueltas y otras lecturas, según también lo que está pasando”, explica Javier Jaimovich.

“Cuando se interrumpe la manera de producir es increíble cómo, de alguna manera, seguimos también produciendo. Y lo que se genera en el campo de las ideas es algo muy tangible, muy material, pero que no lo tenemos ahí, sino que lo que tenemos es el recuerdo: cómo construimos ese recuerdo de las experiencias que nosotros mismos tuvimos de generar esto, de interactuar con esto, de probarlo, de construirlo. Creo que es algo que es parte de la obra, que tiene más presencia en este momento”, concluye Francisca Morand.

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