“Así como para juzgar rápidamente del nivel intelectual de una persona, basta detener un momento la mirada en el estante que guarda sus libros favoritos, así también, en mayor escala, una biblioteca es siempre el índice de la cultura de un pueblo o de una corporación”.
Con esta frase inicia el artículo "La vida en el Conservatorio. La Biblioteca del Conservatorio" que, hace casi 100 años, fue publicado en la Revista Musical Chilena por el Centro de Alumnos del Conservatorio Nacional de 1929. Un texto que destaca el valor de la Biblioteca del Conservatorio, tanto por su extenso catálogo en el área de la música, como por haberse transformado en un elemento clave de la educación musical.
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Cada persona entusiasta por los libros guarda una particularidad interior que queda manifiesta en la elección de sus títulos favoritos. Y, quizás todavía más, en la forma en que los dispone en el estante donde los deposita. Por color, por tamaño, por editorial o por orden alfabético. Las posibilidades obedecen al sentido que encaje y refleje de mejor manera su relación al habitar la lectura.
Cuando una biblioteca ya no pertenece a una sola persona y pasa a ser un espacio compartido, su distribución y su valor también cambian. Se trata, en este momento, de ampliar el acceso al conocimiento.
Del estante individual al patrimonio colectivo
El artículo incluído en la Revista Musical nos guía hacia la transformación que significó la Biblioteca del Conservatorio Nacional de Música. Su extensa colección permitió que compositores y repertorios que hasta entonces resultaban lejanos para gran parte del estudiantado, pudieran ser incorporados en sus estudios y análisis.
El acervo reunió un abanico de obras que permitió fortalecer la educación musical. Actualmente, la Biblioteca de Música, Danza y Sonido de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile resguarda el patrimonio del antiguo Conservatorio Nacional, donde se encuentran partituras y documentos de valor histórico. Un repositorio que hoy encuentra su guía en la figura del/la Bibliotecario/a.
“No solamente el acceso a la Biblioteca es ahora absolutamente fácil y expedito para los estudiosos; su uso es fomentado y se impone de manera casi obligatoria”, menciona el artículo.
Cada 10 de julio, se celebra el Día del Bibliotecario y la Bibliotecaria, recordando la fecha en que se publicó en el Diario Oficial la ley que aprobó la creación del Colegio de Bibliotecarios de Chile.
Esta efeméride invita a reconocer y reflexionar en torno al rol de quienes, día a día, trabajan promoviendo la lectura y el acceso a la información, actuando como puente entre estudiantes, funcionarios, funcionarias, docentes, académicos y académicas que acuden a las colecciones contenidas en las bibliotecas.
“Allí encontrará reunido todo lo más importante que ha producido el arte de la música desde sus orígenes hasta el momento en que vivimos”.
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Así describía el artículo de 1929 una colección que se convirtió en un soporte esencial para la formación en el Conservatorio Nacional. Además de reunir las obras más representativas de la tradición musical, la Biblioteca contenía textos de crítica y técnica pedagógica, acercado a las y los estudiantes figuras que iban desde Guillaume Dufay, Guillaume de Machaut y Johannes Ockeghem, hasta compositores como Maurice Ravel, Arthur Honegger e Igor Strawinsky.
Casi un siglo después, ese patrimonio nos recuerda que detrás de cada colección hay personas que la organizan, preservan y hacen posible su acceso a las nuevas generaciones.
El documento "La vida en el Conservatorio. La Biblioteca del Conservatorio" se encuentra digitalizado y su contenido se puede leer en el catálogo de Libros UChile.

