
La trayectoria del artista y académico del Departamento de Artes Visuales (DAV) de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, prof. Arturo Cariceo, se ha caracterizado por una tensión constante entre su prolífica producción internacional y una presencia acotada en Chile, decisión que el artista atribuye a una cuestión de principios éticos y operativos. "He preferido retirarme de diversos proyectos antes que comprometer mi autonomía o aceptar condiciones donde exponer signifique terminar endeudado o trabajando sin una retribución justa", afirma. Según explica, a menudo se ha encontrado con modelos de gestión locales donde el artista debe financiar la estructura del organizador, lo que lo frena con su búsqueda de una autonomía.
En este contexto de búsqueda de independencia, su reciente paso por The Wrong Biennale marcó un hito en su exploración de la obsolescencia digital. Durante cuatro meses, el prof. Cariceo desarrolló una obra en tiempo real que culminó con la desaparición total del contenido de la web oficial al cierre del evento, un gesto de "borrón y cuenta nueva" que el artista transformó en motor creativo. De ese vacío surgió The Wrongest, una banda sonora incidental para un escenario inexistente que cierra una trilogía sonora iniciada con piezas que transitaron por los earworms y la historia docta del arte.
Al ser consultado sobre el impacto de la desaparición de sus archivos, el artista se muestra fascinado por la fragilidad de la información en línea. "Cuatro meses de trabajo para The Wrong desaparecieron de la web de un plumazo, una estrategia que me resultó fascinante. De ese vacío nació The Wrongest, que culmina como una reflexión online sobre la obsolescencia curatorial en tiempos de la IA", explica sobre el proceso. Esta pieza reflexiona sobre la caducidad del soporte y utiliza la tecnología para problematizar la circulación de la obra en escenarios digitales.

Una radio invisible generada por la IA
Esta actitud ante la tecnología se cristaliza en uno de sus proyectos: la Radio Invisible. Alojada en una web personal (www.cariceo.cl), la emisora opera bajo la premisa radical de que absolutamente todo, desde la interfaz hasta el último diseño sonoro, sea generado por inteligencia artificial. Para el profesor, este giro hacia lo maquínico es una respuesta directa al desgaste que significaron los proyectos transdisciplinares entre 2013 y 2018, donde el "factor humano" resultó ser una fricción innecesaria para su flujo de trabajo.
Sobre esta transición hacia la autarquía creativa asistida por IA, el artista es enfático al señalar que su decisión es una forma de resguardar la pureza de su proceso. "Decidí crear una web personal para alojar la emisora bajo la premisa radical de que todo sea IA. Todo. Es una propuesta que incomoda y aterra porque plantea un escenario artístico donde las jerarquías humanas están tensionadas. Hoy, el único humano involucrado soy yo. Se acabó eso de lidiar con las fricciones de terceros", declara el académico respecto a su actual metodología de trabajo.
Un punto que el profesor Cariceo menciona como parte de su propuesta es la disolución de las fronteras entre la alta y la baja cultura. Para el artista, “no es el uso de la IA lo que genera incomodidad en mi propuesta, sino mi interés explícito por el mestizaje cultural y la disolución de las fronteras entre la 'alta' y 'baja' cultura. En Chile, el clasismo es transversal y está muy arraigada: opera tanto en el mundo conservador como en el progresista, traduciéndose en jerarquizaciones retrógradas. Si el mundo del arte ya tiende al esnobismo, estas divisiones lo vuelven, además, profundamente cursi. Mi obra busca tensionar precisamente ese purismo de élite”.
La inteligencia artificial, en este sentido, es vista por el académico como una herramienta de productividad y como una extensión de la autonomía que ha sostenido desde los años 80. El artista rechaza la idea de que la tecnología lo haga simplemente más eficiente. "Mi interés es la simbiosis artística humano-máquina. La IA, como antes lo fue el abaratamiento de los computadores, luego internet y los teléfonos inteligentes, es un lente para observar cómo se reconfigura nuestra realidad diaria", afirma.
Una obra IA presencial
Esta capacidad técnica se puso a prueba el pasado 13 de marzo en la exposición presencial de Frecuencia 50 en Valencia, España, donde sus obras digitales fueron proyectadas a gran escala. El desafío consistió en demostrar que los archivos generados con IA mantienen una alta fidelidad que les permite funcionar en espacios físicos sin perder potencia. Esta experiencia fue, para el académico, la validación de que la soberanía tecnológica permite estándares multimediales de exhibición antes impensables para un artista independiente que opera fuera de las grandes subvenciones.
En la entrevista, el prof. Cariceo profundiza sobre esta experiencia de llevar el bit al formato físico: "Fue la oportunidad ideal para demostrar cómo la IA permite crear archivos web que funcionan en cualquier escala sin perder calidad. Se exhibieron tal cual estaban en línea. Gracias al escalado y procesamiento por IA, la obra demostró que la autonomía tecnológica libera de los entuertos del 'factor humano', y que me permite alcanzar estándares multimediales impensables".
A diferencia de otros enfoques que utilizan la tecnología para insertarse en los circuitos tradicionales, el trabajo del prof. Cariceo busca activamente la "multipresencia", donde la obra circula con la misma legitimidad por plataformas de streaming, redes sociales o la web. Para él, ignorar que los creadores han reconfigurado el imaginario colectivo a través de medios digitales es un síntoma de una élite artística que ha quedado desconectada de los cambios que la tecnología genera en la cotidianidad de las personas.
La labor del académico en el Departamento de Artes Visuales se expande en una búsqueda por traspasar los límites de lo que entendemos por arte contemporáneo en la era de la inteligencia generativa. Su apuesta por una tecnología que democratiza el acceso a la creación, lo sitúa como una figura que desafía los sesgos culturales y reivindica el derecho del artista a la soledad creativa. La Radio Invisible es, en este sentido, sólo la superficie de un proyecto artístico-intelectual que continúa desafiando el inmovilismo de la escena local.
Sobre el artista contemporáneo, el prof. Cariceo concluye que debe estar en "vigilia" con su época. En un entorno donde la tecnología no es mera ciencia ficción: es la materia prima de la vida diaria, donde el académico reivindica una iconografía que se niega a refugiarse en “abstracciones cómodas”. Su labor persiste como un ejercicio atento a esos umbrales donde la precisión del lenguaje, como el uso de los prompts, y la crítica cultural se encuentran para proponer una nueva forma de entender la creación artística en el siglo XXI.
