Bajo la curatoría del artista y académico del Departamento de Artes Visuales (DAV) de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Arturo Cariceo, la exposición Superficie/Objeto reflejó las preguntas fundamentales que han guiado el tránsito artístico del también académico del DAV, prof. Jorge Gaete. La propuesta se exhibió en una casona patrimonial de 1902, cuya arquitectura restaurada genera una "tensión temporal" que potencia la lectura de las obras contemporáneas en su interior.
Respecto a la génesis material de las obras, el profesor Gaete describe un proceso de confrontación entre lo primario y lo tecnológico: "justamente trato de encontrar una relación entre elementos que refieren a lo orgánico que se tensionan con lo digital, con lo tecnológico, gran parte de estos trabajos son relaciones matéricas que se tensionan entre sí: piel, plumas /madera quemada, cuero/serigrafía entre otras. Entonces, en los trabajos existen dos capas de sentido, una referida a los problemas formales y otra que aporta un sentido simbólico a través de la materialidad, ambas capas dialogando al unísono con un propósito similar".
La propuesta también desafió las fronteras convencionales de las disciplinas artísticas, específicamente en lo que respecta a la naturaleza del dibujo. Para el artista, el acto de dibujar se desprende de la superficie bidimensional para integrarse en la experiencia del espacio y la observación de lo cotidiano.


Esta perspectiva permitió que elementos funcionales de la ciudad o del entorno doméstico fuesen reinterpretados bajo una mirada estética que prioriza la forma, la línea y la luz sobre la utilidad. "Muchos de los trabajos expuestos provienen de preguntas acerca del dibujo en su condición de lenguaje desplazado a la espacialidad. Entiendo que el dibujo no es solamente lo que se realiza en una superficie, sino también en lo que observamos en la realidad cotidiana... por ejemplo: los cables del tendido eléctrico vistos desde la mirada del dibujo, son líneas que se entrecruzan sobre nosotros cuando caminamos por la ciudad, o cuando miramos una cortina, ya no es lo que tamiza la luz que entra por ahí, sino que es una superficie ondulada en donde la luz se degrada entre pliegue y pliegue", detalla el profesor Gaete.
En esta articulación de "capas de sentido", la disposición de los objetos en la sala jugó un rol fundamental, estableciendo analogías con las relaciones humanas. La obra se presentó como una estructura donde el dolor, lo divino y la crítica a la prevalencia de lo material se manifiestan a través de huellas y procesos mecánicos. "Se trata de una adecuación entre materialidad y sentido, donde la ubicación de las cosas aporta también otra relación, muchas de las veces relacionadas con las distancias o las proximidades, unas conservando el espacio que le pertenece y otras invadiendo el espacio de otras, al igual a lo que nos sucede entre las personas, esas distancias también otorgan un sentido entre los elementos que convergen en una obra. Estoy hablando de las diferentes capas que se conjugan en una composición", cuenta el académico.
Esta exposición fue también una invitación a la pausa y a la primacía de la experiencia visual por sobre la interpretación racional inmediata. Al presentarse como un código que no ofrece respuestas cerradas, la muestra apeló a la sensibilidad individual del espectador/a, quien debe completar el sentido de la obra mediante una observación detenida de la materia y la interrogante. "Quise que el espectador pudiera detenerse frente a cada uno de los trabajos expuestos, tomarse un momento y solo mirar lo que está frente a él, dejar que la experiencia visual sea prioritaria, sentir que la materialidad en ellos no es un juego gratuito, es un lenguaje que nos habla desde otra sensibilidad, desde otro código, desde un código que no entrega respuestas, sino de uno que solo propone interrogantes que pueden ser interpretadas desde la sensibilidad de cada espectador", detalla el profesor.
