“Llegué como Valentino a estudiar Danza en la Universidad de Chile, pero no con el cambio legal del registro civil”, recuerda Valentino Pérez Palma, estudiante de la Facultad de Artes que en 2024 ingresó a la Licenciatura en Artes mención Danza. Al momento de matricularse, en enero de ese año, Valentino hizo la solicitud para el reconocimiento de su nombre social a través del Instructivo Mara Rita, el que permite que estudiantes trans realicen un trámite para utilizar su nombre social en todos los registros, documentos y comunicaciones verbales y escritas de la Universidad de Chile para efectos internos, en ámbitos curriculares y extracurriculares.
“Me imaginé que existía algo que acompañara a las personas disidentes, pero acá me di cuenta de que existe algo en específico”, cuenta Valentino, quien en ese proceso tuvo la guía de la académica Poly Rodríguez, jefa de carrera de Danza. “Ella me dijo que tenía que pedir a la Universidad que se respetara mi nombre social y mi pronombre, solicitud que hice y que permitió que esa información cambiara en el sistema interno”, comenta.
“El proceso fue muy rápido y supieron responder muy inmediatamente a la necesidad de una persona. Y eso es bacán porque es una solicitud que es demasiado importante porque estás hablando de identidad”, señala sobre su experiencia. Y agrega: “Nunca hubo un error, nunca mi nombre en la lista salió mal y eso era muy tranquilizador. El que mi nombre social se respetara desde el día uno que entré a danza significó que no tuviera miedo de que me nombraran, de que pasaran lista y tuviera que acercarme para corregir”.
Antes de entrar a la Facultad de Artes, Valentino estudió danza dos años en otra universidad y luego, en pandemia, se fue a vivir a Uruguay, donde siguió estudiando por otros tres años. En 2023, ya de regreso en Chile, hizo una ayudantía a estudiantes de segundo año de la carrera de danza de la Universidad de Chile, grupo que en 2024 se convertiría en su curso luego de quedar seleccionado en la carrera e iniciar su formación en tercer año tras la convalidación de sus estudios previos.
"Ellxs me conocieron cuando fui su ayudante, en ese entonces con mi nombre anterior. Luego, nos reencontramos en 2024, donde me presento como Valentino".
Cuando llegaste, ¿te sentiste acompañado por tu comunidad?
Con les cabres yo me sentí muy apañado desde el día uno. Nunca ha habido una marginalización, siempre he sido su compañero Valentino y si quieren separar las cosas por hombre/mujer, yo siempre voy donde me sienta más cómodo. Somos de una generación donde no hay tanto cuestionamiento en la expresión y en la identidad, que hay que entender que son cosas diferentes. Siento que cuesta más con les docentes, porque creo que en lo generacional hay una barrera en deconstruir la imagen de la idea binaria y transformar los pronombres. Si bien siento que tienen ahí un freno, para nada considero que son personas que cuestionan a las disidencias, aunque se equivoquen en el pronombre. A pesar de que al inicio hubieron errores con mi pronombre, tras conversarlo, la mayoría de las veces no volvía a ocurrir. Hoy saben que soy Valentino. Quizás es porque ocupo pronombre masculino. Creo que es mucho más difícil para las identidades no binarias que el lenguaje sea respetado para elles.
¿En paralelo al cambio de tu nombre social iniciaste el trámite legal?
Recién el año pasado me anime a iniciar el trámite. Hasta entonces no me parecía tan relevante para mi, porque mi familia y amigues sabían cómo me llamo y como me identifico. Sin embargo, al acercarse el término de la universidad pensé en los documentos oficiales y en que, si no realizaba el cambio durante ese periodo, mi título y otros papeles podrían emitirse con mi nombre muerto. No quería que eso ocurriera. Fue entonces cuando decidí hacerlo y comprendí que este paso también era muy importante para mi.

¿Cómo fue esa experiencia?
Estábamos en una movilización de danza, el último semestre de 2025, y un día dije voy a ir al registro civil. Sabía cómo era el trámite porque tengo muchxs amis trans y entre nosotres nos vamos explicando qué es lo que hay que hacer. Todos estos datos nos vamos pasando entre nosotres, como educación trans. Así que ese día fui al Registro Civil de Santa Ana para pedir la hora. La persona que te atiende está en una oficina aparte, que es el área de género, con horas específicas para hacer el cambio por la Ley de Identidad de Género. Y ahí me dicen que había hora para dos semanas más y dije que sí, aunque con miedo. De hecho, llegué a la casa, hablé con mis amis, con mi polola, y les dije que tenía demasiado miedo.
¿Qué te dio miedo?
Me dio miedo enfrentar ese espacio como persona trans. No es solo un trámite, es entrar a una institución que históricamente no fue pensada para nosotres. Pararte ahí es sentir el peso de la cismorma sobre el cuerpo. Soy una persona trans masculina no binaria y no busco parecer un varon cis, pero el mundo constantemente te mide desde ese estandar. Esa cédula era más que un documento era una exposición pública de mi identidad.
¿Por la exposición que podría significar?
Claro. No deseaba la cédula, pero internamente la deseaba mucho. Hay cosas que no son muy importantes, pero sé que para mi Valentino pequeño son un logro. El cambio de cédula fue con un poco de miedo, pero fue un logro muy grande y de mucha felicidad. Para mí fue una celebración increíble con mi mamá y mis amis, no podíamos creer que por fin pasaba.
¿Cómo fue la ceremonia?
En la ceremonia te preguntan si estás seguro y a los testigos, que son dos, les preguntan si están segures de lo que van a ratificar. Te explican varias cosas que uno se banca por lo legal de la situación, como que sólo podrás cambiar una vez más. Luego firmas, te pasan un papel y con ese papel vas al registro civil que está cerca de Plaza de Armas a sacarte la foto. Y luego te hacen la nueva cédula, con la foto, el nombre, el sexo, la firma, y se demoran como uno o dos meses en tenerla lista. No es como renovar tu cédula. Acá comparan papeles, desaparecen unos y aparecen otros, y hacen todo un cambio de sistema interno. Y ya teniendo la cédula, que me llegó como en noviembre, tenía que pedir el cambio en la Universidad a través de un trámite online. Sobre esa solicitud me orientaron desde la Oficina de Género de la Facultad, donde me explicaron que tenía que solicitar el cambio de nombre legal, que es para los documentos, para lo que te piden una foto de la cédula o de la partida de nacimiento. En marzo quiero acercarme a la oficina para ver si está todo cambiado y, si es así, pagar las estampillas.
Este año te toca cursar el ciclo especializado de la carrera. ¿Elegiste la línea de interpretación o la de procesos formativos?
Me encantaría educar, pero me fui por interpretación. Siento que hay mucho de lo que quiero decir en mi arte, hablar de mi vivencia, de lo que yo siento, de qué es lo que me mueve, plasmar ideas políticas también. Para mí eso es super importante. Siento que en la danza y en la performance, que es lo que más me gusta, he podido encontrar un lugar muy identitario que habla de mis vivencias, de lo que soy, de lo que perdí, de lo que adquirí. Siento que es mi lugar para poder hablar más sinceramente de lo que siento.
¿Te ha resultado difícil, pensando en que es otra manera de exponerte?
Nunca ha sido fácil para mí exponerme y decir desde donde pienso o creo. Me movilizo como intérprete-creador, y en ese lugar también he entendido que somos muy pocas personas trans en la danza contemporánea y específicamente en esta institución. Aunque somos personas como cualquier otra, nuestras experiencias han sido crudas, y eso transforma el cuerpo y la creación. La danza me permitió experimentar mi cuerpo desde el lugar que deseo y abrió posibilidades que antes no veía en mi. Conocer la danza contemporánea fue parte del camino para confirmar que soy una persona trans. La danza rompe con la idea de un único cuerpo posible, y el artista trans también lo hace: pone en escena un cuerpo históricamente marginado, herido , pero lleno de potencia y verdad.

Y esa libertad que te da la danza, ¿la conociste antes o después de entrar a estudiar?
Antes y después, porque siempre me he rodeado de personas trans y artistas que han sido referentes. Para mí, la Hija de Perra es una referente súper grande de performance más allá de que no se dedicaba a la danza contemporánea. Es una figura odiada por lo social, no necesariamente por nosotres disidentes o por la gente del arte, odiada por su ruptura al binarismo de género y su activismo travesti que se observa en sus performances grotescas y subversivas. Ahí hay algo importante porque creo que la gente trans/disidente vive la performance desde otro lugar porque nuestro cuerpo está en el constante límite de la muerte, creo yo. Sales a la calle y nunca sabes qué te va a pasar, porque nos han pasado tantas cosas: nos han pegado, nos han escupido, han matado a tantos amigues que siento como que el cuerpo ya está en el borde. Por eso siento que vivimos otras intensidades, que es un poco lo que quiero plasmar en la danza. Es decir, vivo esto que estoy bailando de manera intensa o no es real, no vale la pena.
¿Por eso elegiste la danza como tu forma de expresión?
Fue un camino. Yo bailé mucho desde chico -folklore- y recuerdo que nunca me vi en otros lugares que no fuera bailando. Cuando entré a estudiar danza en 2018 jamás pensé que iba a ser el Valentino que soy ahora. Nunca pensé que la danza me iba a entregar tanto, pensé que solamente iba a aprender, que iba a ser mejor, pero en verdad caló en muchos lugares, no tan solo en la forma del movimiento, sino también en mi vida, en lo relacional, en la forma de pensar. Vengo de una población y me han costado un montón de cosas, y por ahí va mi rollo político también, porque creo que a la población la quieren desinformada en muchos aspectos y cerrada a lo artístico, porque son lugares que nos permiten cuestionarnos muchas cosas, que fue lo que a mí me hizo la danza. La danza me llevó a cuestionarme, a mirarme al espejo y a hacerme preguntas que nunca había sido capaz de pronunciar.
¿En qué momento empezó a pasar eso?
No creo que haya un momento exacto en que eso "empiece a pasar", porque una persona no se hace trans , nace siéndolo. Lo que ocurre es que , en algún momento comienzan a revelarse cosas que antes estaban guardadas. En mi caso, hacia finales de 2018, mientras estudiaba danza , empezaron a aparecer preguntas sobre mi cuerpo, mi identidad y mi forma de habitar el espacio. Comencé a hacer cambios, también estéticos, y a reconocer aspectos de mi que siempre habían estado ahí. Ese proceso inicia en mi recorrido universitario. Pero quiero ser claro: no es que lo institucional abra esencialmente estos espacios, ni que esté pensado para las disidencias. La misma institución indirectamente nos termina expulsando, tengo muches amigues que entraron a esta universidad a estudiar danza y terminan yéndose. Si hoy seguimos aquí algunes, no es que el sistema nos haya abierto las puertas, sino porque insistimos en permanecer. Estar en estos espacios también es una forma de disputa y no vamos a dejar de habitarlos.
