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Entrevista:

Rodolphe Gasché: "Si me hubiese quedado en Europa no habría escrito sobre Derrida"

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El reconocido académico de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, Rodolphe Gasché, conversó con nuestro sitio antes de la concurrida conferencia pública que ofreció en la Facultad de Artes, titulada "Europa o el Olvido de Occidente". Se refirió a su próximo libro, los nuevos estudios sobre Derrida, la necesidad de pensar acerca de Sudamérica y la constante lucha de las humanidades por ser oídas.

Es la primera vez que Rodolphe Gasché (Luxemburgo, 1938) está en Sudamérica y dice que prefiere no intentar hablar castellano, porque probablemente sólo le saldrían palabras en italiano. Así, la conversación se desarrolla en inglés, idioma en que ha escrito sus trabajos más importantes y que utiliza como profesor en el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, donde trabaja hace más de 20 años.

Es un hombre tímido y gentil, que no parece muy consciente de su gran prestigio internacional. Especialista en Fenomenología y particularmente en autores como Heidegger, Husserl y Derrida, ha publicado una decena de libros y más de 120 artículos, y es reconocido principalmente por haber aclarado el valor propiamente filosófico de la obra de Derrida, en momentos en que era patrimonio de la crítica literaria.

Vino a Chile invitado por el Doctorado en Filosofía con mención en Estética e Historia del Arte, y antes de su conferencia pública en la sede Las Encinas de la Facultad de Artes, titulada "Europa o el Olvido de Occidente" (en la que desarrolló parte de las temáticas que abordará en su nuevo libro, a publicarse a fines de este año), accedió a conversar sobre distintos temas con nuestro sitio.

¿Por qué está interesado en escribir un libro acerca de Europa? ¿Cuál es el problema filosófico que quiere abordar ahí?

Este es un libro que estoy haciendo hace 10 años. Básicamente, todos mis libros se demoran ese tiempo... Es un libro acerca de la idea de Europa, el concepto de Europa, dentro de la filosofía fenomenológica: Husserl, Heidegger, Patocka y Jacques Derrida. Está circunscrito a esa tradición del pensamiento filosófico. Me interesé en esto años atrás, cuando enseñé Husserl por primera vez y cuando me di cuenta, especialmente en su libro sobre la crisis de las ciencias europeas, de que la idea de Europa está íntimamente ligada a la filosofía, entendida ésta como un discurso sobre una ciencia "universal" y "racional", que en todo momento sería capaz de explicar de una manera en principio comprensible para cualquiera, de qué se trata todo. Es esa íntima conexión entre la filosofía, como este proyecto que también Husserl llama un “proyecto de vida”, y Europa, lo que me motiva a seguir. Y luego en el libro trato de establecer, de discutir, cómo esa idea se desarrolla a través de Heidegger, de Patocka, de Derrida, cómo se abre cada vez más y puede ser crítica de sí misma, crítica de esta idea de una ciencia universal, pero en cierto modo también se convierte, estructuralmente hablando, en algo cada vez más universal. Esto es lo que me interesa principalmente.

¿Cómo podría vincular estas discusiones con América Latina? Una canción chilena de los años 80 dice que "Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos".

Bueno, eso no es tan fácil, es una pregunta también para mí, por una serie de razones. Por un lado, yo no estoy tan familiarizado con esta parte del mundo como lo estoy con Norteamérica, pero en las bases de lo que voy a decir esta noche, relacionado con lo que dice Heidegger sobre esta pregunta acerca de Europa, yo diría lo siguiente, de manera muy esquemática: para Heidegger, pero creo que también para Husserl y varios otros, Sudamérica y Norteamérica pertenecen a Occidente, a Abenland, como se dice en alemán. Heidegger no tiene nada que decir sobre Sudamérica, pero tiene algo que decir acerca de Europa misma y sobre Norteamérica, como parte de Occidente. Sobre Europa, dice que es autodestructiva, que está en el proceso de haber olvidado de dónde viene. Sobre Norteamérica, Heidegger dice que es el intento por destruir el origen: no es el olvido del origen, sino que es la destrucción del origen, para situarse completamente fuera de la Historia y convertirse en ahistórica. Ahora, la pregunta es qué sucede en Sudamérica... (risas). He estado pensado sobre eso, en cómo formularlo. Culturalmente ustedes son parte del pensamiento occidental, pero también tienen otros elementos, en su vida cultural y en sus productos culturales. Entonces tendremos que dilucidar cuál es la tercera posibilidad: está la autodestrucción, está la destrucción del origen, ¿que será en Sudamérica? Tengo que pensar sobre eso y quiero pensar sobre eso.

Usted hace clases en el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo. Entiendo que en los Estados Unidos hay dos tradiciones filosóficas en disputa: la Continental y la Analítica. ¿Puede explicarnos brevemente en qué consiste esta división y por qué usted prefiere la tradición continental?

Bueno, yo pertenezco a la tradición continental simplemente porque vengo del continente (risas). Siempre he trabajado dentro de esa tradición, la manera en que pienso la filosofía, la manera en que me aproximo a la filosofía, es a través de los problemas tradicionales clásicos que se han desarrollado a través de los siglos... Pero al mismo tiempo debo admitir que no sé demasiado sobre filosofía analítica. Lo que he leído sobre filosofía analítica nunca lo he encontrado muy estimulante, ni he encontrado nada allí que me interese en relación con las cosas que yo he estado haciendo. Eso es una cosa. La otra es que estoy enseñando en el Departamento de Literatura Comparada, y creo que la filosofía analítica no tiene nada que ofrecerle a los profesores, filósofos y estudiantes de Literatura. Es la tradición europea, la tradición continental, la que tiene un lugar para la literatura. La literatura no es cualquier campo, también está íntimamente ligada al pensamiento, lo que no es el caso de la filosofía analítica. Esa es una razón adicional por la que nunca me he sumergido en el pensamiento analítico.

Usted es muy conocido por los trabajos que ha realizado acerca de Derrida. ¿Podría decirme en qué estado está la discusión acerca de deconstrucción en Europa y Estados Unidos?

Eso requeriría pensarlo un poco, porque la situación actual no es la misma de hace 20 ó 30 años, cuando comencé a trabajar sobre Derrida. Yo comencé a trabajar sobre Derrida por la recepción que tuvo en los Estados Unidos. Si me hubiera quedado en Europa no hubiera trabajado nunca sobre Derrida, hubiera continuado trabajando dentro del campo abierto por Derrida, pero nunca hubiera escrito libros sobre Derrida, no hubiera tenido que aclarar nada, ni mostrar que esto no es crítica literaria sino filosofía, principalmente. Ahora esta situación ha cambiado. Su trabajo ya no es tan omnipresente como lo era en los 70, lo que me parece un buen fenómeno, porque la gente que está interesada en su trabajo es más seria al respecto, y también creo que hay más filósofos hoy trabajando con Derrida. También la gente que trabaja en estudios literarios que continúa trabajando con Derrida o descubre a Derrida, tiene más de un fundamento en la tradición a la que Derrida pertenece, en las bases en las que su pensamiento tiene que ser entendido. Entonces en cierta forma están pasando cosas más interesantes con el pensamiento derridiano hoy día. Hay muchos académicos haciendo trabajos interesantes y trascendentes, que tienen que ser tomados en cuenta, que no pueden ser ignorados.

¿No se siente un poco abrumado de pensar en un tiempo que parece ser el más radicalmente desinteresado en el pensamiento, en que las mismas universidades están cada vez más interesadas en el dinero en vez del conocimiento?

Hasta aquí, hemos estado hablando dentro del campo de las humanidades, y en general, las universidades se han vuelto cada vez más tecnocráticas. Recordarás lo que se hablaba hace algunos años atrás, sobre ciencias blandas y ciencias duras...Aún estamos enfrentando ese problema. Las humanidades siempre tienen que defenderse, que aún sirven, que tienen algo que decir, que son importantes para el desarrollo del pensamiento crítico, etc. Ha sido así desde que estoy en los Estados Unidos. Siempre ha habido una disputa... En Europa las cosas también están cambiando ahora, las universidades también se están volviendo tecnocráticas y lo que está pasando hoy en Europa es que el modelo norteamericano está siendo importado a institutos europeos también. Pero creo que las humanidades son disciplinas que no pueden demostrar inmediatamente su utilidad. La sociología, la psicología, tienen algunas cosas que mostrar en términos de resultados, pero en el caso de la filosofía o la crítica literaria es más difícil de mostrar. "Claro, son libros"... Diría que es una constante lucha, una lucha que es siempre precaria, es siempre una situación precaria, pero siempre hay maneras de defender a las humanidades, siempre hay formas de asegurarse de que sean oídas.

Una pregunta final

En esta entrevista estuvo presente también el profesor del Departamento de Teoría de las Artes, Rodrigo Zúñiga, quien amablemente nos acompañó para aclarar cualquier duda que surgiera en la traducción. Al finalizar la entrevista, le hizo una última pregunta a Rodolphe Gasché, que incluimos a continuación:

RZ: Tengo entendido que usted mantuvo en su juventud un vínculo con el movimiento situacionista internacional. ¿Cómo ve esa relación política hoy, desde su actual aproximación a la filosofía desde el punto de vista fenomenológico?

Creo que no tienen ninguna relación. Los situacionistas fueron importantes para mí... A ver, estamos hablando de 1961, en esa época los conocí y leí sus cosas y me interesé. Déjame ponerlo así: Antes de interesarme por la Fenomenología estaba interesado en la Escuela de Frankfurt, por muchos años trabajé con Adorno, Benjamin, Holkheimer, y aún lo hago. Tuve una aproximación a la filosofía a través de la posición crítica de la Escuela de Frankfurt, y Guy Debord fue el que me puso en esa dirección. Por supuesto que, aunque en esos años tempranos yo estaba mucho más comprometido políticamente que hoy, ese tipo de pensamiento creo que está presente también, en una forma diferente, en una forma nueva, en lo que estoy haciendo hoy.

Texto y fotografías: Andrés Florit C. /Periodista Facultad de Artes
 
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